Relato: Licenciado Contestodo (7)





Relato: Licenciado Contestodo (7)

Continuamos con el reportaje al Licenciado.




LC: Y…. son muchos…. Ahora recuerdo el caso de Silvia y
Angélica. Yo lo cuento llanamente, despúes estrácte lo que quiera.



P: Ok yo me encargo de hacer una síntesis*.



LC: Hace unos años yo trabajaba atendiendo el teléfono de una
"empresa" del Rubro 59 que proveía acompañantes de ambos sexos. Todos los
viernes llamaba Silvia solicitando los servicios de Gerardo.


Como con muchos de los clientes habituales, con ella
establecí cierto vínculo. Charlabamos de cualquier cosa, del tiempo y alguna que
otra cosa intrascendente.


Me caía bien, era muy educada y agradable. Por comentarios de
Gerardo me enteré que tanto ella como Angélica, con quien compartía el
departamento, eran muy jovenes, alrrededor de los veinte años. Super discretas y
tímidas, bastante lindas aunque nada vistosas, Gerardo las catalogaba como
raras.


Cuando él llegaba al departamento estaba Silvia sola, le daba
el servicio, un polvito soso y convencional y al rato de terminar, mientras se
tomaba un café, llegaba Angélica.


Silvia se iba, el atendía a Angélica, también un polvo rápido
y cuando se iba, a veces, encontraba a Silvia que volvía. Así todas las semanas.


Un viernes no llamó a las siete, como rigurosamente lo hacía.
Yo, pensando que por algún motivo no lo necesitarían, le di a Gerardo un
servicio que lo iba a ocupar el resto de la noche.


Llamó a las siete y media pidiendomé dísculpas por la demora,
tan formal era. Le comenté lo de Gerardo y le dije que se quedara tranquila que
le iba a mandar a alguien en su reemplazo.


-Bueno José, confio en vos. Muchas gracias.


El único libre era Julián, pero lo descarté porque era medio
turrito.


Ese día hubo mucha demanda. A las ocho terminaba mi horario y
el servicio era a las nueve, decidí ir yo. No estaba autorizado a dar servicios,
pero quién se iba a enterar si no había registro de llamadas.


Pensaba hacerme pasar por uno de los muchachos pero Silvia me
reconoció la voz.


-Que gusto conocerte. No necesitabas venir, si no tenías a
nadie lo dejabamos sin efecto.


-Vos me dijiste que confiabas en mí, no te podía fallar.


Angélica todavía no se había ido porque llegué más temprano.
Le dije que no era necesario que lo hiciera. Noté la excitación que le producía
el hecho de estar presente mientras en el otro cuarto había una pareja
garchando.


Nos fuimos con Silvia a su cuarto y ella se quedó preparando
café.


Nos acostamos y Silvia se sorprendió cuando, de entrada,
busque su concha con mi boca. Me apretó la cabeza entre sus piernas para impedir
que mi lengua la tocara. Le dije que confiara en mí y se aflojó. Al rato de
jugar con su clítoris tuvo un orgasmo, que seguramente fué el primero que
alcanzaba con algo que no fuera su propia mano.


Los ojos le brillaban de alegría, le dije que llamara a
Angélica. Esta de entrada se negó pero después vino. Se la notaba algo turbada,
sobre todo cuando vió a Silvia desnuda.


La desnudé y nos acostamos los tres. Les chupé la concha a
las dos y conseguí que las dos me mamaran la pija.


Estabamos muy excitados. Ellas por toda la novedad y yo
porque intuí que estaba encamado con dos potenciales lesbianas, una de las
fantasías de toda mi vida.


Poco a poco se fueron soltando al entrar en confianza y la
pasamos barbaro.


Con paciencia y esfuerzo, logré hacerles el culo a las dos. A
Silvia se lo hice mientras se chupaban la concha mutuamente.


A esa altura ya estaban desatadas y se daban entre ellas como
si lo hubieran hecho toda la vida.


Yo las había instado a que lo hicieran como juego erótico
pero se lo tomaron enserio y se echaron un polvo infernal, olvidadas de mi
presencia que volvieron a notar cuando quedaron exhaustas por tantos orgasmos.
Cuando vieron el estado en que estaba mi pija luego de presenciar su cogida, se
encargaron de bajarmela mediante una hermosa paja a dos manos que agradecí con
una abundante acabada.


Los tres, destruidos, comentabamos los acontecimientos
tirados en la cama. Silvia me agradecía porque las había ayudado a explicitar
algo que estaba latente desde que se conocían pero que, por su carácter e
indefinición, ninguna se había animado a sugerir.


Se las notaba eufóricas y me pidieron que me quedara a pasar
la noche con ellas.


Me quedé y la pasé barbaro y ellas también, sobre todo cuando
les mostré el arnés con prótesis que guardamos en la oficina para cualquier
emergencia y yo había llevado por las dudas.


Ahí se definieron un poco más los roles porque Angélica
enseguida se lo puso y los dos nos dedicamos a Silvia que se enloqueció mientras
Angélica le hacía la concha y yo el culo.


Después se le ocurrió cogerme a mi, como estaba medio
deschavetado, la dejé. Me la metió hasta la mitad y Silvia se encargó de mi pija
hasta que con mi acabada rebalsé su boca.


Dormimos un rato. Al otro día fuí a comprar factura para el
desayuno y aproveché para comprar un arnés en el porno shop de un amigo. Las
desperté con el desayuno y les regalé el arnés.


-Que lo disfruten con felicidad –les dije y me fuí.


El lunes me llamó Silvia para volverme a agradecer, estaba
pletórica y me comentó que el fin de semana lo habían gastado al aparatito. Me
mandó un beso de Angélica que agradecí.


Que increible es la naturaleza humana, se puede mantener
reprimida pero en cuanto encuentra un resquició, explota y ya es incontrolable.



P: Realmente una línda historia, se justifica que la guarde
en su memoria.



LC: Si, la verdad, sobre todo porque siguen juntas. De vez en
cuando voy a tomar un café y a charlar. Nada más, fuí el último hombre en sus
vidas.


P: ¿Usted siguió trabajando en la agencia?


LC: Por poco tiempo. Un día llamó un tipo pidiendo una
acompañante y resultó ser un viejo amigo, al que le había perdido el rastro. El
me llevó al diario y así comenzó la columna. Un poco en joda y un poco en serio.
Con el tiempo se fué afianzando y ya casi es un servicio social.



P: ¿Nunca tuvo problemas con alguno de los consultantes?



LC: Nunca, yo opino hasta donde me dá el cuero. Si cae algo
serio de verdad, tanto sea de sexo como de albañilería o cualquiera de los temas
que tocamos, lo derivamos, ni aparece en la columna.


Igualmente no todo lo que sale publicado es obra mía, hay
temas de los que no entiendo un pito pero somos un equipo, como se dice,
multidisciplinario. Yo generalmente me ocupo de la joda, que es lo que más
conozco.



P: ¿Esa misma gente integra el Instituto que usted dirige?



LC: No, nada que ver, esos son una banda de amigos tan
delirantes como yo.



P: Bueno Licenciado, le agradezco la nota y realmente fue un
placer conocerlo.



LC: Por nada, el agradecido soy yo.





*NdelA: no hubo tal síntesis, fué publicada toda la
desgravación.


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