Relato: Suerte





Relato: Suerte

A veces las desgracias vienen acompañadas de muy buena
suerte. Esta es una historia real, solo matizada de algunos detalles para
hacerla mas atractiva.


Mi nombre es Pablo, tengo treinta y nueve años y vivo en
Rosario, Argentina. Poseo un pequeño negocio, el cual me obliga a tener que
recorrer los distintos lados de mi país.


Mi historia comienza en un viaje a Buenos Aires, distante
aproximadamente unos trescientos kilómetros de mi ciudad.


Ya en la autopista, en medio del recorrido, siento un fuerte
golpe en la parte de abajo del auto, y en seguida, la dirección del mismo se
torno incontrolable. Con suerte y algo de pericia conductiva, pude detenerme en
la banquina, y chequear que el neumático se encontraba destruido. Pero la
sorpresa desagradable fue encontrar el de repuesto totalmente desinflado.


Ahí me encontraba yo, varado en medio del camino, sin
posibilidad alguna de continuar el viaje. Los vehículos pasaban a mi lado a toda
velocidad, y estaba seguro que ninguno se detendría. Solo me quedaba esperar el
auxilio del concesionario de la autopista, pero sabía que podía demorar horas.


Resignado a mi suerte, encendí un cigarrillo, y antes de
terminar de fumarlo, noto que un viejo camión, totalmente destartalado, para
delante mío.


De el baja un anciano pequeñito, ataviado a la usanza del
hombre de campo. Gentilmente me ofrece ayudarme, y con un matafuego logramos
inflar la desgraciada goma en llanta. Al agradecerle la ayuda, meto mi mano en
el bolsillo para darle unos pesos, a lo que el anciano se niega meneando la
cabeza con vigor.




Gracias.- Se expresa. – Los favores no se pagan.- Me dijo
con voz grave y decidida.


Bueno, en todo caso las gracias debo dárselas yo a
usted.-


De nada.- Cuando yo a daba el asunto por resuelto, y
comenzaba a dirigirme al coche, el anciano volvió a hablar.


Ahora bien señor, podría usted hacerme un favor a mi?-
Nada es gratis en este mundo, pero la nobleza obliga.


Por supuesto!-


Vea joven, con mi camión llevaba a mi nietita al pueblo,
para que tome el colectivo hacia Buenos Aires, pero si usted va por ese
camino, quisiera pedirle el favor de arrimarla.-




Sin saber muy bien que responder, y aún pudiendo negarme con
la excusa de tener otro camino, acepté. El ancianito desapareció dentro del
camión, y por la otra puerta apareció la nietita, una terrible mujer de unos
veinte años, alta, rubia y con un cuerpo exuberante, propio de las niñas criadas
a campo. Mariana se llama, y tras las presentaciones de rigor, reemprendí mi
camino.


Lamento mucho lo extenso del relato, fundamentalmente sin
partes de sexo, pero se que ustedes me perdonarán, y si me tienen un poco mas de
paciencia, esas partes llegarán.


Mariana era de poco hablar, solo me enteré por su boca que
tenía diecinueve años, y que iba a Buenos Aires a trabajar, porque una amiga
suya le había conseguido un empleo.


Ya en Buenos Aires, la deje donde me pidió, y rápidamente me
ocupé de mis asuntos, olvidándome de Marianita. Debo confesar que en el viaje la
miré de arriba abajo, y aunque era una mujer espectacular, solo la observé.


Tras terminar mi agitado día de trabajo, me dirigí al Hotel.
Siempre paraba en el mismo, estaba situado en el centro de la ciudad.


Grande fue mi sorpresa cuando el gerente del hotel, al que
conocía, me dijo que una mujer joven me esperaba en el lobby del mismo. Cansado
ya por el trajín del día, ni imaginé que fuera Marianita, la que me estuviera
esperando.


Solo al verme comenzó a llorar, tratando de reprimir el
llanto. La tomé de los hombros, y la dirigí al bar del hotel.


Una vez acomodados, ella me explico la situación. Entre
llantos me contó que su amiga trabajaba de puta fina, en una casa a todo lujo, y
que cuando ella comprendió cual sería su trabajo, salió de la casa corriendo,
dejando ahí todas sus pertenencias, incluido el poco dinero que tenía encima.
Sin saber que hacer, recordó haber visto una tarjeta del hotel en mi auto, y se
dirigió para acá. Había caminado kilómetros hasta llegar.


El tema principal era saber si yo la podía llevar de nuevo
hacia su pueblo. Le dije que no tenía inconveniente, que le conseguiría una
habitación para pasar la noche y que mañana la llevaría.


Pero las malas noticias seguían, ni una habitación el hotel,
ni en ninguno por los alrededores. Eran malas noticias, pero seguía teniendo
suerte.


Convenimos con Mariana para pasar ambos la noche en mi
habitación, lo cual era un inconveniente serio.


Tras ducharme, tuve que ponerme ropa de calle nuevamente, ya
que no uso ninguna para dormir, y ella, tras ducharse también, salió envuelta en
una toalla, pidiéndome por enésima vez disculpas, por todos los inconvenientes
que me producía. Pero el mayor inconveniente era la formidable erección que me
había producido verla así.


Se quedó parada al pie de la cama, inmóvil, esperando no se
que. Caí en cuenta de que no sabía como acomodarse en la cama. Era una de plaza
y media, y el único lugar donde poder descansar.


- Hagamos una cosa.- Le dije. –Vos metete dentro de la cama,
que yo, que estoy vestido duermo por fuera de las sábanas.-


Ella, sin decir palabra, se acostó según de dije, quedándose
totalmente quieta. Pero al poco tiempo comenzó a sollozar, muy bajito, sin
ruido, dándome cuenta solo por el movimiento que percibía por el colchón.
Fastidiado ya, traté de hacerme el dormido, pero al poco tiempo, ya incapaz de
seguir esperando, giré bruscamente en la cama, como para increparla, pero al
verla sufrir, solo pude acariciarle torpemente la cabeza. Lentamente se
tranquilizó, y luego de en tiempo su respiración fue haciéndose rítmica. Calculé
que estaba dormida ya, y al retirar mi mano de su cabeza, ella habló.




Señor Pablo, nunca sabré como agradecerle.-


Yo si se.- Las palabras salieron de mi boca sin pensar.
Inmediatamente me arrepentí, pero ya las había dicho. Reconozco que mi
corazón latía con fuerza, hasta que Mariana volvió a hablar.


Como?.- Me dijo con voz muy bajita y tímida.




Sin decirle nada, la tomé por el hombro, guiándola para que
gire, y una vez de frente a mi, bajé la sábana que la cubría, tomé su mano, y la
puse por sobre la ropa en mi pene erecto.


Para mi sorpresa, ella no hizo nada. Ni siquiera un gesto. Se
limitó a seguir tal cual yo la había dejado. Con rápidos movimientos, me bajé
hasta donde pude el pantalón y los calzoncillos. Su mano seguía en el mismo
lugar, apoyada sobre mi pene.




Soy virgen.- Me dijo. Esta chica era una caja llena de
sorpresas. Pero yo ya no podía volver atrás.


Y eso es inconveniente?.-


No.-




Encendí una luz, quería verla. Estaba ahí, mirándome con esos
ojazos azules, la boca entreabierta, sus senos erguidos, grandes redondos
rotundos. Ella es blanca, muy blanca, más que yo. Es sus senos aparecían dos
tenues y grandes aureolas rosadas, pálidas, coronadas de dos pezones enormes,
enhiestos.


Destape el resto de su cuerpo, para ver las sinuosas curvas
de su cintura y su cadera. Una gran mata de pelo ¿oscuro? tapaba su sexo. Las
piernas parecían torneadas por un escultor maestro. Y ahí, desnuda ante mi,
parecía una chiquilla en un cuerpo de mujer.




No tengas miedo, y si algo te disgusta, me dices. – Le
expresé.-




Ante su silencio, la besé dulcemente en los labios, en su
mentón, en el cuello. Su única reacción fue la de cerrar los ojos. Llegué a sus
senos, los besé con ternura, jugué con mi lengua por debajo de ellos, por su
canal intermedio. Con una mano los tomaba, los apretaba levemente, y con la boca
succionaba despacio su pezón. Largo tiempo me dedique a ellos, eran los mejores
senos de mi vida. Cada momento, cada roce, era una experiencia increíble. Jamás
imagine que un par de tetas, en vulgo, me podían producir tanto placer.


Seguí bajando, besé con delicia su vientre, plano, duro,
fuerte. Invadí su ombligo, lo inundé. Ya con la parte superior de mis
antebrazos, fui separando sus piernas, delicadamente.


La gran mata de pelos ocultaba cualquier visión. Acomodé mi
cabeza, y con ambas manos fui descubriendo el gran tesoro que esos feos pelos
ocultaban. Ahora si podía ver la entrada del placer. Una delgada línea gris
rosada. Con dos dedos abrí sus labios, y ante mi, un rojo clítoris que
contrastaba con su pálido entorno. Pero no era aún el tiempo. Me faltaba
reconocer sus piernas, acariciarlas, besar sus dedos.


Ella estaba quieta, tensa, con un muy bonito rictus en su
cara. La expresión del placer. Animado por esto, decidí reconocer bien su
intimidad. Acerque nuevamente mi cara a su vagina, hurgué dentro de ella hasta
encontrar su dulce botón, lo masajee con mi dedo, de arriba abajo, hacia los
costados, haciendo círculos. Mi dedo le cedió su lugar a mi lengua. Pude
percibir su olor, su sabor. Sublime.


Lentamente sus caderas se elevaban. Su respiración era ya
entrecortada. Se tensó al máximo, y con un fuerte suspiro, me indicó su orgasmo.
Puse mi cuerpo en su misma altura. La bese en los labios, y esta vez su lengua
jugó con la mía.


Era ya mi hora. Con delicadeza situé mi glande en la entrada.
Lo frotaba lentamente, jugaba, con ella, pero no la penetraba mas que un poco.
Mi cadera iba descendiendo con estudiada cautela. Paso largo rato, pero al fin
llegue al fondo. Nunca mejor expresión, se ajustaba a mi como un guante.


Me quede quieto, disfrutando del momento. Comencé un vaivén
exageradamente lento. Al principio solo me movía un poco, para ir separándome y
acercándome cada vez más. La velocidad se incrementaba. Inconscientemente
Mariana seguía mi ritmo. Sus manos, antes inertes, ahora desgarraban mi espalda,
al compás de nuestros movimientos. Quisiera mentir, y poder decir que ese lapso
de tiempo fue infinito.


Pero no sería cierto, y en cuanto su cuerpo me transmitió su
placer al máximo, me descargue dentro de ella. No encuentro adjetivo para ese
momento.


Extenuado, me deje caer sobre un costado, tomando a Mariana
por la cintura, quedando ella sobre mi cuerpo, quedando mi miembro aún dentro de
ella.


Miré sus ojos, llenos de ternura y ¿amor?. Por primera vez me
besó, luego reposó su frente en mi hombro, y con cálida voz, me dijo.


- Te amo.-




Si les gusto, continuará.



POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO


Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .


Número de votos: 0
Media de votos: 0


Si te gusta la web pulsa +1 y me gusta






Relato: Suerte
Leida: 290veces
Tiempo de lectura: 7minuto/s





Participa en la web
Envia tu relato







Contacto
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Encuestas

Afiliados