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Relato: Maria: ¡la confesión, de una esclava! (2)





Relato: Maria: ¡la confesión, de una esclava! (2)

MARIA: ¡LA CONFESIÓN, DE UNA ESCLAVA! (II)


Continuación de: MARIA: ¡UNA CONFESIÓN DE UNA ESCLAVA! (I)


Tras aquellos, primeros momentos. Me sonrojo, al escuchar los
comentarios –de mi Amo-; y a la vez, me siento radicalmente suya y tremendamente
orgullosa. Me, gusta como con sus maneras, trabaja mi sensualidad, me hace ir a
desearlo, minuto a minuto.


Me da unas suaves caricias, que pueden ser depositadas: en mi
cuello o en la cintura, y lego va tomándome de los hombros. Pero,
independientemente del sitio elegido, me hace enternecerme con el y me siento
temblar toda por dentro.


-----------------------------------------


Desde esas suaves maneras, me hizo desearlo, me enamoró y me
sedujo, todo se inició ya en el primer día, al conocernos.


Mi Amo, me mostró los iniciales caminos, me sentí ir
tensándome y destrenzándome y salté desde mis temores, hasta sus brazos. La
experiencia, me hizo temblar y durante los siguientes cinco días, creí que no
podría estar sin verlo más. Pero, no tenía su teléfono y por mi "inseguridad"
creí que no me recordaría, pensé que pasaría de mí.


Pero, nuevamente…, volvimos a coincidir, en el mismo lugar, a
la misma hora, en el mismo mostrador y atendiéndonos "curiosamente" el mismo
camarero. Luego, tras saludarnos, fuimos y tomamos una mesa, elegida en un
rincón tranquilo y ahí durante un largo rato hablamos, y nos mirábamos, así
surgió nuevamente el calor del deseo….


Estuve hechizada, pensando en mil excusas para saber mas de
él, estaba "impresionada" y eso con solo llegar a conocerlo; desde ese momento y
de inmediato, me sentí siendo una parte de él. Él, me hace sentirme suya, mi
sensación es de quererlo como a mi Amo, él es un Dominante; me hizo sentirme
única estando junto a él.


Y me dijo cosas distintas, como que quería que yo fuera su
esclava. Pero, sobre todo, su manera de acariciarme, como me llegaba a hacerlo
desear y como me sentía yo, me cambió.


Tanto, que después del primer encuentro, sabía que tendría
que reposo, hasta no saber que volvería a estar con él, y que lo que vivimos,
nuevamente sucedería. Y, con el solo hecho de separarnos, ya estaba yo, ahí
nuevamente pensando en volverme y decirle que me dejara estar –a su lado- y que
quería ser suya nuevamente.


Eso, es un sentimiento, que con esfuerzos dominé y luego me
reproché, no confesarle como me sentía con él.


Ya, ese día, pero sobre todo esa noche, entendí que pese a
mis todas mis rebeldías, realmente quería ser suya, su sumisa o su esclava;
quería estar, el máximo de tiempo junto a él.


Mi Amo me habla, ahora… llamándome suya, espero que use la
palabra Esclava, ese sonido te hace sentir muy rara, al oírselo la primera vez.
Es como un trallazo, un cinturonzazo o un anillamiento o piercing –por primera
vez-. Pero, esa palabra, dicha y entendida con calma, es el inicio y la señal,
de que él juego -entre los dos: amo y esclava- ha empezado.


Tengo mucho que aprender, y ganas no me faltan. He de
recordar, las maneras que tiene, y sus gustos personales, de ese modo "estaré
más capacitada" y me "formaré" para saber cómo mejor complacerle. Eso, en sí
mismo, ya representa cierto grado de placer, para mí misma.


Me siento observada y observadora, con todo lo que hago
–estando juntos-. Y, mi conducta y proceder, están orientados a darme un poco
más, a serle más de mi Amo. Si me equivoco o si acierto, a veces ni me habla,
solo me da a entender, cuando el niega o bien afirma, con su cabeza.


Si "el hecho" es más importante o más grave, se pone de pie,
y dirigiéndose a mí, me habla (más o menos fuerte). No me ha gritado aun, pero
se que eso, sería una corrección muy dolorosa, yo temblaría con ese tipo de
reprimenda…


Hemos llegado, a un acoplamiento, y el es "enteramente"
libre, conmigo. Me toma el bolso y me pide que, ante el, me quite la chaquetilla
y después mi blusa. Se, por su expresión facial y miradas, también por algunas
palabras, que q él le gusta verme desvestir, ante su presencia.


Y, se que debo desabotonarme, las prendas, girándome ante él
e ir poniéndome de un lado y del otro, he de variar para estar de frente y luego
de espaldas. Y en su mirada, sabré "leer" si hay acierto o reprobación, para
como me muevo, lo que hago y para estar ante él tal como me quedo…


Mi Amo, me exige que "siga demostrando cuanto le amo", le he
de mostrar respeto "absoluto"; he de obedecerle "al instante" y en "todas las
órdenes". De lo contrario, seré castigada, o dejaré de estar presente, de la
forma en que yo deseo, y su vida se separará de la mía...


Mis manos y mis labios, me tiemblan, mientras me desabotono
–para él-. Tal como comenté, primero me sacare la chaquetilla y luego mi blusa.
Todo, con calma y con el gusto, de descubrir para él; y ver, como me mira con
aprobación y con deseo. Le leo las ganas, y se me ilumina la cara y la mirada.


Las prendas, las puse en el asiento, del escritorio. Me saqué
la falda, estando sentada, en la silla, y seguidamente la doblé. Quede expuesta
ante él, solo vestida con mi ropa interior, con las medias y unos zapatos.


Me indicó que, me sacase "también" los pendientes, la
pulsera, el reloj de muñeca y los anillos… Así, me siente y me hace ve, a mi
misma, más desnuda y más concentrada en la total entrega.


Veo, en este instante, el piercing, que me atraviesa uno de
mis pezones, y bajo mi braga, se marca la anilla, que sobresale del relieve del
labio vulvar y se marca en el tejido íntimo. Noto, como la anilla, por mi
excitación, me presiona la tela de la braga.


El se da cuenta, de todos esos detalles. Y, a su indicación,
me pongo con las manos, con los dedos cruzados, primero por delante, como
tapándome. Pero, el me dice, que las ponga detrás. Y eso cumplo, nerviosamente;
pero muy excitada. Ya, estoy un poco abierta, mis labios "vulvares", se separan
y la humedad nace…


Primero, las manos se enlazan, se quedan a la altura de mis
nalgas. Luego, con una indicación de su mano, me rectifica y me hace subirlas,
hasta quedarse a media espalda.


Mi torso y vientre, están más expuestos. Y mi manos, me
liberan e una mínima tensión, y hallo gusto dejándolas, que vayan quedando
atrás; y así, forzosamente he de sacar mis pecho, hacia delante.


Y finalmente, me dice, que ahora, ponga las dos manos a la
altura las cervicales; me hace estar así, y luego, con toques de sus manos y
rodillas, me da a entender la conveniencia, de separarme más de las piernas.


Se acerca y toca a mis codos, mis hombros, a mis bíceps.
Luego me pone las manos –sus lindas manos-, en mis axilas, y va bajando por mis
costados. Me acaricia, y llega a las caderas y me roza el vientre. Se aprieta a
mí, y mi respiración se me acelera. Noto, que tras mi persona, se queda él, y al
poco el se auto descamisa, y seguidamente, utilizándome como percha, se saca la
camiseta.


Se aprieta a mí, y mi carne, mi espalda me hacen sentirlo.
Toma la ropa, y la coloca en la silla; la misma silla que está la mía. Mi cuerpo
se enfría, hasta que se me vuelve a apretar y con su tato va entrándome…


Sus manos se me suben y me sostienen las copas; me las
sostienen oblicuamente, siento la sustentación que hace de las dos copas. No las
coge desde la base, sino que las bordea y luego me las presiona. Y me abre, el
cierre frontal. Sus diestras manos, dejan a mis senos descubrirse (para él y
para que yo, pueda verme así, ofreciéndome para él).


Me retira, las cubiertas de las copas, las vuelve a poner
–cada vez una- y como siento esos roces, de la tela y de los dedos... Y noto
que, va subiendo lentamente el sujetador, y se lo lleva en volandas. Y noto, que
me presiona la piel, la prenda me roza, al hacérmela salir.


Entiendo que, la tela baja, rozándome con los tirantes y
copas, es el modo en que él me hace sentir, que en este momento, quiere que
separe las manos. Y así, me quedo, liberada del sujetador y más "plenamente"
ofrecida a su vista y a sus acciones.


Estoy excitada, quiero que me apriete y que me toque; pero se
para un momento... Incluso aceptaré algo más de daño, me resultaría excitante, y
muerdo cachitos de mis labios.


Y él, lo sabe, precisamente por éste motivo, se retiene y no
me da aun eso. Me lo va demorando, haciendo que lo desee, cada segundo más…


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Relato: Maria: ¡la confesión, de una esclava! (2)
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